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title: "La política alemana hace tiempo que le dio el gobierno al AfD, pero aún no se da cuenta"
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date_published: "2026-09-08T08:00:00-03:00"
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# La política alemana hace tiempo que le dio el gobierno al AfD, pero aún no se da cuenta

El 44 % de los votos que sacó este domingo el partido Alternativa para Alemania en Sajonia-Anhalt, al parecer, tomó por sorpresa una cantidad bastante importante de analistas y candidatos. Sin embargo, si se presta atención a lo que viene sucediendo con las fuerzas políticas tradicionales en este país, es comprensible que el mainstream esté en shock, no porque el resultado haya sido imprevisible, sino porque no quieren enfrentarse a la realidad. Todo esto puede que sea más para un terapeuta que para un politólogo.

Aceptar lo que sucedió con la AfD llevaría a los partidos históricos y a los medios de Alemania a reconocer que ellos se vienen equivocando hace mucho tiempo. Apartando a la agrupación política de moda, al repasar lo que hicieron estos espacios políticos durante casi dos décadas, nos encontramos con un panorama poco decoroso que incluye el sometimiento de la soberanía nacional a los mandatos de la burocracia de Bruselas —como hicieron otros países europeos—, a la par de una consolidación en el ámbito doméstico de un conservadurismo que se divorció de los mandatos del electorado, el cual ya empieza a pasar factura.

Cuando la AfD inició su historia en 2013, el mainstream alemán debió reparar en lo relevante que significa que un nuevo partido decida elegir el nombre de “alternativa”, justo en un ecosistema estable de fuerzas tradicionales. Evidentemente, ellos comprendían que había tierra fértil para proponer algo distinto a lo que se estaba ofreciendo.Suscríbete A Noticias

La irrupción de este partido en la arena política llevó a las demás facciones a cometer una serie de errores que mantuvieron hasta las elecciones del domingo, y que parece que continuarán a futuro. El primero para mencionar es la vieja falacia del hombre de paja, que terminó generando descrédito a los acusadores en lugar de los acusados.

Ejemplo de ello fue la campaña para proliferar el mote de «nazis» desde un primer momento. Sin embargo, cuando el electorado se dio cuenta de que no se trataba de un partido reivindicador del nacionalsocialismo, es probable que comenzaran a padecer dos sensaciones: empatía con quien fue acusado falsamente y distancia de quien mintió. Cuando, años después, la fuerza política termina teniendo como líder a una lesbiana que está en pareja con una inmigrante, la estrategia acusadora se vuelve en contra de quienes la perpetraron.

Mientras se abusaba de la muletilla de “extrema derecha”, la política “centrista” alemana decidió indultar al partido que sí es de “extrema izquierda”, al que le permitieron ser parte de la vida democrática del país, incluso de formar coaliciones locales.

Sobre AfD se impuso lo que se denominó como un “cordón sanitario”, que se trataba de un pacto implícito de todos los partidos para “aislar de la vida democrática” a la fuerza supuestamente “neonazi”. Aunque AfD nunca fue reivindicador del Tercer Reich, Die Linke (la izquierda) sí se reconoce como el partido político heredero de dictaduras como la Unión Soviética o la mal llamada “Alemania Democrática” del Este.

Hace seis años, en las elecciones de Turingia, el candidato del FDP liberal Thomas Kemmerich rompió el “cordón” y asumió la jefatura de gobierno en coalición con AfD, luego de los resultados parlamentarios locales que permitían esa coalición. El escándalo fue internacional, evidenciando que muchos países de Europa padecen de la misma problemática que Alemania. Hasta el propio partido de Kemmerich a nivel nacional fomentó su dimisión y la dilapidación de la coalición amarilla-celeste. El mensaje fue claro: quien se siente a negociar con la AfD tendrá el repudio político multipartidista alemán y el rechazo continental y hasta global.

Mientras tanto, la política grande del país se distanciaba del electorado, al dejarse regir por Bruselas, aceptando políticas migratorias y de refugiados que perjudicaron a pequeñas ciudades, al pagarles los salvatajes a países irresponsables como Grecia o al cometer el suicidio energético de apagar voluntariamente las plantas nucleares, lo que aumentó el costo de la energía y la dependencia de Rusia.

En paralelo a estas decisiones, el alemán promedio se preguntaba si la AfD era en realidad una «infiltrada» de Moscú. Era natural tener estos cuestionamiento, cuando los partidos grandes se encargaban de hacer estas cosas, solo por dejarse llevar por la agenda del partido Verde, el cual podría haber llegado a tener vinculaciones con el Kremlin, si uno mira los resultados de la influencia del desastre que hicieron.

La mimetización de los partidos de centro, dejando como única alternativa lícita a la izquierda tampoco contribuyó demasiado. Históricamente, la exitosa Alemania de la posguerra y la unificación se basó en un modelo de coaliciones, donde el Partido Liberal (FDP), que volvió a tener un patético resultado al salir con el 2 %, jugaba un rol fundamental: como tercera fuerza, cuando le tocaba alianza con los conservadores (CDU), con los que tenía acuerdos económicos, siempre se focalizaba en las libertades individuales y el control ciudadano al Estado.

Ahora, cuando era con la socialdemocracia (SPD), ellos ponían el énfasis en mantener la vigorosa economía de mercado alemana, legada por grandes como Ludwig Erhard. El modelo se descalabró cuando el FDP obtuvo un histórico 14 % en 2009, prometiendo recortes de burocracia e impuestos. Sin embargo, en la alianza que formaron con la CDU de Angela Merkel, Guido Westerwelle se quedó con las Relaciones Exteriores y el partido de los intelectuales le falló a su electorado, que lo castigó duramente.

Tras quedarse fuera del Bundestag, comenzó la decadente era de la coalición rojo-negra. A veces con liderazgo del CDU, a veces con el SPD al frente. Sin embargo, estos últimos años la insólita junta «socialdemócrata-conservadora» no fue ni una cosa ni la otra. Como dijimos, nada de esto es nuevo y todo viene desde hace rato. En junio de 2024, escribí en estas columnas del PanAm Post lo siguiente:Suscríbete A Columnas

«El FDP, el histórico partido liberal alemán, puede haber perdido definitivamente su rol como tercera fuerza. Aunque no es una buena noticia para los alemanes, es algo absolutamente predecible».

Hoy, con el partido amarillo fuera de juego y ya sin poder pivotear con las dos fuerzas políticas principales en los años de éxito, y con la coalición roja-negra encerrada en la soberbia, hay otra cosa «absolutamente predecible»: un eventual gobierno de la AfD, que no hace otra cosa que capitalizar el descontento de un mainstream que acumula decepciones y críticas ante la ciudadanía.

La política en Alemania le habla a la política y los alemanes se cansaron. ¿Cómo pueden revertir los partidos tradicionales la situación a esta altura? La respuesta a esta interrogante es un misterio, pero sobre lo que hay certezas es lo que sucederá si siguen por este camino. Desde este domingo, tanto en Alemania como en Europa, todo el mainstream dejó en evidencia que piensa seguir manteniendo la cantinela de la «extrema derecha». Así les va a ir y no solo en Alemania.

Fuente: PanamPost

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