---
canonical_url: "https://bavivas.com/contenido/59349/el-acuerdo-petrolero-de-una-nueva-era-en-venezuela-lo-bueno-lo-malo-y-lo-nefasto"
title: "El acuerdo petrolero de una nueva era en Venezuela: lo bueno, lo malo y lo nefasto"
article_type: "NewsArticle"
main_image: "https://pbs.twimg.com/card_img/2093823272160808960/7CMy9MEJ?format=webp&name=medium"
date_published: "2026-08-30T10:42:00-03:00"
date_modified: "2026-08-30T10:44:12-03:00"
author_name: "AGENCIA INTERNACIONAL DE NOTICIAS"
author_url: "https://bavivas.com/usuario/6/agencia-internacional-de-noticias"
category_name: "MUNDO"
category_url: "https://bavivas.com/categoria/13/mundo"
---

# El acuerdo petrolero de una nueva era en Venezuela: lo bueno, lo malo y lo nefasto

El petróleo no es del pueblo. Nunca lo ha sido. Ese mantra repetido por chavistas y supuestos opositores –con Henrique Capriles a la cabeza– solo ha servido como consigna política para exacerbar el populismo y la dependencia del Estado en un país donde gran parte de la población se acostumbró a vivir de dádivas y subsidios pagados con la renta petrolera, que desde hace poco más de un siglo se convirtió en la gallina de los huevos de oro que hizo que se abandonaran los campos y todas las demás fuentes de ingresos. La agricultura, la ganadería, el turismo, y un largo etcétera, son hoy actividades económicas con un gran potencial que a nadie le interesa explotar. La diversificación nunca llegó. Y no llegará. Al menos por los próximos cien años. Más allá de los debates relacionados con la soberanía, el acuerdo petrolero con Estados Unidos marca el inicio de una nueva era en la historia de Venezuela con un impacto positivo en lo económico, negativo en lo político y nefasto en lo cultural.

Aunque este acuerdo petrolero no sea el mejor negocio para Venezuela (que no lo es), la inversión que llegará durante las próximas dos décadas generará, sin duda alguna, mayor prosperidad que en las dos décadas pasadas. Las autoridades encargadas del poder bajo la dirección de Delcy Rodríguez no han escapado de los cuestionamientos en las últimas horas. Y con razón. Son los mismos que levantaban las banderas antiimperialistas y vociferaban que no habría «ni una gota de petróleo para Estados Unidos». Los mismos que pronosticaban una entrega de los recursos del país a Washington si la oposición llegaba al poder. Sin embargo, nos guste o no, lo que hoy está ocurriendo es lo que facilita el avance del plan de transición de tres fases presentado por la Casa Blanca tras la captura de Nicolás Maduro el 3 de enero. Ahora, si se completará la transformación política del país hasta erradicar el chavismo en unas elecciones democráticas, es parte de otra historia.

Cuentas ajustadas con beneficios a largo plazo

Por el momento, el acuerdo petrolero que el presidente estadounidense, Donald Trump, presenta como «el más grande de la historia», permite a Estados Unidos controlar más de 65000 millones de barriles de las reservas de Venezuela, es decir, cerca de una cuarta parte del total, con condiciones mayoritariamente favorables para Washington. De acuerdo con los números que se conocen, los ingresos fiscales para Venezuela serían de apenas 3,22 dólares por cada barril de petróleo. «Esto representa 4,7 % del precio actual, y menos de la mitad de la tasa de regalías contemplada en concesiones otorgadas por Juan Vicente Gómez (dictador en ejercicio entre 1908 y 1935, durante los inicios de la explotación comercial petrolera)», reclamó el economista Francisco Rodríguez desde su cuenta en X.

Si bien estas cuentas no lucen favorables, el impacto económico terminará siendo positivo. La producción petrolera de Venezuela en la actualidad no supera los 1,2 millones de barriles diarios. Entonces, considerando que el pico de producción en los mejores momentos, previo a la llegada de Hugo Chávez al poder, superaba los 3 millones de barriles diarios, es lógico pensar que una meta razonable en un escenario de un incremento considerable para los próximos años se esté calculando ligeramente por encima de los 2 millones de barriles. Es decir, EEUU no va a llevarse 65000 millones de barriles de petróleo en un día. Necesitará unos 89 años para disponer de esos recursos, lo que garantizará inversión en el país durante el próximo siglo, empezando por la recuperación de la destruida industria petrolera venezolana durante más de dos décadas de desinversión y corrupción chavista, algo que no se lograría sin inversión extranjera con el interés particular de sacar ganancia. Obviamente.

Otro factor positivo que hay que tomar en cuenta es el beneficio directo e indirecto que toda esta inversión generará. Por un lado, la explotación de nuevos yacimientos petroleros y la recuperación de campos que han estado abandonados se traducirá en nuevas fuentes de empleo y mejora de la calidad de vida de muchas familias. Por el otro, incluso quienes no tengan relación directa con la industria comenzarán a ver una mejora en los servicios públicos –empezando por el sistema eléctrico nacional–, en carreteras, puertos y aeropuertos, que la reactivación económica demandará para su funcionamiento. De esta manera, aunque los venezolanos no almacenen barriles de petróleo en sus casas, verán los beneficios de vivir sobre las mayores reservas probadas del mundo.

Provecho político: de Washington a Caracas  
Ahora bien, en lo político no todo es color de rosa. Si bien lo que queda del chavismo está haciendo el trabajo sucio que bajo un gobierno de la oposición habría sido motivo suficiente para recurrir al tan mentado calificativo de «vendepatria» y hasta llamar a un «estallido social», lo cierto es que Delcy Rodríguez, junto con su hermano Jorge Rodríguez y Diosdado Cabello, están demostrando ser quienes tienen en este momento la capacidad de garantizar gobernabilidad, aunque sea bajo la tutela de Estados Unidos. Hasta el momento, ni María Corina Machado ni nadie de la oposición ha logrado convencer a Donald Trump de lo contrario. Para los intereses del mandatario republicano es más beneficioso haber conseguido este acuerdo petrolero con una administración en Venezuela tutelada desde su despacho que con un gobierno legítimo surgido de unas elecciones democráticas, que gozaría de total independencia y soberanía.

Para nadie es un secreto que el chavismo, o lo que queda de él, dejó de ser el movimiento con cierta base ideológica que fundó Chávez enarbolando las banderas del bolivarianismo y el antiimperialismo. Citando los términos que él mismo acuñó, las manifestaciones que se registraron este sábado en el centro de Caracas contra el acuerdo petrolero entre Estados Unidos y Venezuela fueron bastante «escuálidas». Los llamados chavistas «originarios», que se han manifestado en las redes sociales, tampoco hacen mucho ruido. Eso lo saben en Miraflores, donde el único objetivo es sobrevivir. Es por esto que, a pesar de las notables contradicciones discursivas, en el Gobierno interino tienen mucho que celebrar, pues no solo creen tener a Trump de su lado sino que además esperan el ingreso de miles de millones de dólares que les servirán para relanzar su proyecto político con una nueva petrochequera, que en el pasado reciente demostró ser muy eficaz para comprar consciencias, tanto dentro como fuera del país.

La oposición amanece hoy desorientada. María Corina Machado ha quedado en una posición complicada, pues no puede avalar dicho acuerdo petrolero al que se ha agarrado el chavismo como su salvavidas, pero tampoco echarse de enemigo a Donald Trump interponiéndose en medio de sus planes. Insistir con el llamado a elecciones será su único objetivo. Sin embargo, sus tiempos no parecen ser los mismos de la Casa Blanca, donde la prioridad es ofrecer gasolina barata a los estadounidenses como promesa de campaña del Partido Republicano de cara a las elecciones de medio término de noviembre, en las que Trump se juega el control del Congreso.

La maldición del petróleo  
Más allá del impacto positivo en lo económico y negativo en la político, en lo cultural el país seguirá sin romper la maldición del petróleo. Tal vez vuelan los tiempos del derroche y el «‘ta barato dame dos», con viajes frecuentes a Miami y Madrid. Dejar las luces encendidas o el grifo abierto porque los servicios públicos están subsidiados por la renta petrolera seguirá siendo parte de la «normalidad» del venezolano. Sacar el carro para ir a la panadería que está a dos cuadras será una costumbre que volverá, ante el privilegio de tener la gasolina más barata del mundo. En fin. La cultura petrolera instaurada desde hace más de un siglo que, bajo la nueva realidad, difícilmente cambiará.

Seguir dependiendo por los próximos cien años del negocio petrolero –con o sin chavismo–, con unas nuevas generaciones que ya ni recordarán que había un tal Arturo Uslar Pietri que hablaba de «sembrar el petróleo», solo hará que la historia se repita. Tarde o temprano aparecerá algún populista que ofrecerá una tarjeta bancaria o billetera virtual para repartir la renta petrolera o, peor aún, un nuevo mesías que buscará capitalizar el descontento social mediante algún golpe de Estado o promesa electoral socialista, que en cualquiera de los dos casos seducirá a los votantes ingenuos con la falsa consigna de que «el petróleo es del pueblo».

Fuente: PanamPost

---

*Contenido creado y optimizado para IA con [Medios CMS](https://medios.io)* — Plataforma profesional para la gestión de medios digitales y portales de noticias.
