
Israel vota el 27 de octubre: Netanyahu enfrenta su elección más difícil y las encuestas anticipan un escenario sin mayorías claras
ISRAEL
Agencia Internacional de Noticias (AIN)
Resumen
Israel celebrará elecciones legislativas el martes 27 de octubre, en una votación decisiva para el futuro político de Benjamin Netanyahu.
Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor y líder de la fuerza centrista Yashar, aparece entre los principales protagonistas y disputa el liderazgo electoral con el Likud de Netanyahu.
Naftali Bennett, en alianza con Yair Lapid, busca construir una alternativa capaz de desplazar al actual primer ministro.
Las principales encuestas muestran una competencia muy ajustada: el Likud y Yashar rondan los 20 escaños, mientras las fuerzas de Bennett se ubican en un segundo escalón.
Ninguno de los dos grandes bloques tiene asegurados los 61 diputados necesarios para gobernar, por lo que las negociaciones con partidos menores podrían resultar determinantes.
Netanyahu busca mantenerse en el poder frente a una oposición que apuesta al cambio
Israel se encamina a unas elecciones legislativas que pueden modificar profundamente su escenario político. El próximo 27 de octubre, los ciudadanos elegirán a los integrantes de la Knéset, el Parlamento israelí, en una contienda que tiene como principal interrogante si Benjamin Netanyahu podrá conservar el gobierno o si la oposición conseguirá reunir los apoyos necesarios para reemplazarlo.


La elección llega después de años marcados por la guerra, las consecuencias del ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, las operaciones militares posteriores, las tensiones internas y las controversias sobre la responsabilidad política por los acontecimientos de seguridad. A estos temas se suman el costo de vida, el servicio militar obligatorio, las exenciones para los sectores ultraortodoxos y el funcionamiento de las instituciones del Estado.
Para Netanyahu, líder del Likud y uno de los políticos más experimentados de Israel, la votación representa una prueba de su capacidad para mantener unida a la derecha nacionalista y religiosa. Sus adversarios, por su parte, intentan transformar el descontento de una parte de la sociedad en una mayoría parlamentaria alternativa.
Sin embargo, el panorama no permite anticipar una victoria definitiva de ninguno de los dos sectores. Las encuestas dibujan una elección fragmentada, en la que unos pocos escaños pueden cambiar las posibilidades de formar gobierno.
Gadi Eisenkot, el principal competidor de Netanyahu
Uno de los datos más relevantes de la campaña es el crecimiento de Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel y dirigente de la agrupación centrista Yashar.
Su perfil combina experiencia militar, una posición firme en materia de seguridad y un discurso centrado en la reconstrucción de la confianza pública. Entre sus principales propuestas figuran una investigación estatal sobre los fallos del 7 de octubre, una mayor igualdad en las obligaciones militares y medidas destinadas a aliviar el costo de vida.
Eisenkot intenta captar a los votantes que desean un cambio de liderazgo sin abandonar una política de seguridad exigente. Su espacio se convirtió en uno de los principales competidores del Likud y, en varias mediciones, aparece como la primera fuerza individual o prácticamente empatado con el partido de Netanyahu.
Esto no significa, sin embargo, que Eisenkot tenga asegurada la jefatura del gobierno. En Israel, la elección no se resuelve mediante una votación presidencial directa: el número de diputados que consigue cada partido y su capacidad para formar una coalición son los factores decisivos.
Netanyahu sigue siendo un candidato con posibilidades reales de continuar en el poder. Su experiencia, su base electoral consolidada y su alianza con los sectores nacionalistas y ultraortodoxos le permiten disputar la elección incluso cuando algunas encuestas muestran un avance de sus rivales.
Naftali Bennett y Yair Lapid, la otra alternativa para desplazar al primer ministro
Otro de los espacios importantes es Beyachad, la alianza encabezada por el ex primer ministro Naftali Bennett y vinculada políticamente con Yair Lapid.
Bennett representa una derecha diferente de la de Netanyahu: mantiene posiciones firmes en materia de seguridad, pero busca atraer a votantes que rechazan la continuidad del actual gobierno. Lapid, por su parte, aporta una identidad centrista y liberal, con llegada a sectores urbanos y a electores favorables a una renovación política.
La alianza intenta evitar que el voto contrario a Netanyahu se disperse entre demasiadas listas. No obstante, la oposición enfrenta una dificultad fundamental: sus integrantes coinciden en buena medida en la necesidad de cambiar el liderazgo, pero no siempre comparten las mismas prioridades ni la misma estrategia para gobernar.
En consecuencia, Eisenkot y Bennett aparecen como figuras centrales de la disputa por una nueva mayoría, aunque todavía deben demostrar que pueden reunir los apoyos parlamentarios necesarios para formar una coalición estable.
Qué dicen las principales encuestas
Las últimas mediciones difundidas antes del cierre de la publicación de sondeos muestran una competencia muy pareja entre el Likud y Yashar. Un promedio de encuestas publicado a mediados de octubre situaba a los principales partidos aproximadamente en los siguientes niveles:
Promedio de encuestas · mediados de octubre de 2026
Likud — Benjamin Netanyahu
22,1
Yashar — Gadi Eisenkot
21,2
Beyachad — Naftali Bennett
12,2
Proyección de escaños sobre 120. Las cifras son promedios de sondeos, no resultados electorales; las encuestas individuales presentan diferencias importantes.
El dato central es que el Likud y Yashar se disputan el primer puesto, con una diferencia reducida entre ambos. Detrás aparece Beyachad, mientras los partidos religiosos, nacionalistas y de centroizquierda completan un Parlamento que podría quedar dividido entre numerosas fuerzas.
Las encuestas publicadas por distintos medios israelíes también presentan diferencias considerables. Algunos sondeos favorecen al bloque de Netanyahu; otros otorgan una ventaja a los partidos opositores. En una medición de comienzos de octubre, por ejemplo, la suma de los cuatro principales partidos opositores de mayoría judía alcanzaba 52 escaños, frente a 52 del bloque asociado con Netanyahu, mientras las listas árabes reunían los 16 restantes en esa proyección.
El promedio general de encuestas, por su parte, muestra a Yashar y al Likud en torno a los 21 o 22 escaños cada uno. La diferencia entre estas cifras y los resultados de sondeos particulares demuestra que no existe una proyección única y definitiva.
También hay que tener en cuenta que algunas fuerzas pequeñas se encuentran cerca del umbral electoral. Si una lista no alcanza el mínimo requerido para ingresar en la Knéset, sus votos no se traducen en representación parlamentaria, lo que puede alterar sustancialmente el reparto final de escaños.
Cómo se forma el gobierno y por qué 61 diputados son decisivos
El sistema israelí funciona mediante representación proporcional. Los ciudadanos votan por listas partidarias y los 120 integrantes de la Knéset se distribuyen de acuerdo con los votos obtenidos, siempre que las listas superen el umbral electoral del 3,25%.
Ningún partido puede gobernar por sí solo con mayoría absoluta según las tendencias actuales. Para formar un gobierno con una mayoría parlamentaria, una coalición necesita reunir al menos 61 de los 120 escaños.
El proceso de negociación posterior a las elecciones será, por lo tanto, tan importante como la propia votación. El presidente de Israel encomienda la formación del gobierno a un legislador que considera capaz de conseguir los apoyos necesarios. Ese dirigente debe negociar con otras fuerzas, acordar prioridades políticas y presentar una coalición que obtenga la confianza de la Knéset.
Netanyahu cuenta con el respaldo potencial de su partido, el Likud, de las fuerzas ultraortodoxas Shas y Judaísmo Unido de la Torá, y de agrupaciones nacionalistas como Otzma Yehudit. Pero la suma de esos sectores puede resultar insuficiente si no consigue una cantidad suficiente de escaños.
La oposición tampoco tiene garantizada una mayoría. Eisenkot, Bennett, Lapid, los Demócratas y Avigdor Liberman representan corrientes con diferencias ideológicas y estratégicas que podrían complicar las negociaciones.
Por eso, los partidos pequeños pueden convertirse en árbitros de la elección. Una fuerza con cinco o seis diputados podría definir si Netanyahu continúa o si la oposición encuentra una fórmula para reemplazarlo.
Los partidos árabes, una pieza potencialmente decisiva
Las listas que representan a los ciudadanos árabes de Israel también pueden tener un papel relevante en la conformación del próximo gobierno. Entre ellas se encuentran la Lista Conjunta y Ra'am, encabezada por Mansour Abbas.
En un Parlamento dividido, sus escaños podrían inclinar la balanza. Sin embargo, su participación en una coalición encabezada por los principales dirigentes judíos continúa siendo políticamente compleja. Tanto Netanyahu como sectores importantes de la oposición han expresado reparos a la posibilidad de gobernar con partidos árabes, aunque las necesidades de una negociación podrían modificar algunas posiciones.
La cuestión no es solamente aritmética. También están en juego las diferencias sobre la guerra, la seguridad, los derechos de la población árabe, la relación con los palestinos y el carácter del Estado israelí.
A ello se agrega el debate sobre el servicio militar de los ultraortodoxos. La posibilidad de aprobar una ley de reclutamiento que establezca obligaciones más igualitarias constituye una fuente de tensión dentro del propio campo de Netanyahu y podría convertirse en uno de los principales obstáculos para cerrar acuerdos de gobierno.
Una elección que puede terminar sin un ganador claro
El escenario más probable que se desprende de las encuestas no es necesariamente una victoria contundente de uno de los bloques, sino una negociación difícil después de conocerse los resultados.
Netanyahu conserva una base política sólida y experiencia para construir coaliciones. Eisenkot aparece como uno de sus competidores más fuertes, mientras Bennett busca reunir sectores que permitan desplazar al actual primer ministro. Pero ninguna de estas ventajas garantiza por sí sola los 61 escaños.
Además, la experiencia política israelí aconseja cautela con los sondeos: pequeñas variaciones en el voto, el ingreso o la exclusión de partidos minoritarios y las alianzas posteriores pueden modificar el resultado final.
El martes 27 de octubre será decisivo, pero la verdadera definición del poder podría llegar después de las elecciones. Israel no solamente elegirá una nueva Knéset: deberá determinar si Netanyahu puede reunir nuevamente una mayoría o si sus adversarios logran superar sus diferencias y construir una alternativa capaz de gobernar.
Hasta entonces, la principal conclusión de las encuestas es clara: la disputa permanece abierta y el futuro gobierno dependerá tanto de los votos obtenidos como de la capacidad de los dirigentes para negociar.


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