Israel se encamina a una elección decisiva: los partidos árabes podrían definir el futuro de Netanyahu

ISRAELAgencia Internacional de Noticias (AIN)Agencia Internacional de Noticias (AIN)

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Resumen

  • Israel votará el 27 de octubre en una elección que podría determinar la continuidad de Benjamin Netanyahu como primer ministro.

  • Las encuestas anticipan una disputa muy ajustada, sin una mayoría clara para ninguno de los dos grandes bloques políticos.

  • Los partidos árabes israelíes podrían obtener entre 12 y 15 bancas y convertirse en actores decisivos para la formación del próximo gobierno.

  • Gadi Eisenkot aparece como uno de los principales adversarios de Netanyahu, aunque enfrenta dificultades para reunir una coalición capaz de reemplazarlo.

  • La posibilidad de un Parlamento fragmentado abre la puerta a negociaciones complejas e incluso a un nuevo bloqueo político.

Una elección que puede cambiar el rumbo de Israel

Israel se prepara para una de las elecciones más importantes de su historia reciente. El próximo 27 de octubre, millones de ciudadanos acudirán a las urnas para elegir a los 120 integrantes de la Knéset, el Parlamento israelí, en una votación que definirá si Benjamin Netanyahu consigue mantenerse al frente del gobierno o si se abre una nueva etapa política.

A diferencia de otras elecciones, en las que los principales bloques llegaban con ventajas relativamente claras, esta vez los sondeos describen un escenario de enorme incertidumbre.

El oficialismo conserva una base electoral importante, pero la oposición tampoco logra reunir por sí sola los apoyos necesarios para garantizar un cambio de gobierno.

Una de las encuestas conocidas durante las últimas semanas proyectó un empate de 53 bancas para cada uno de los dos grandes bloques, mientras que las agrupaciones árabes alcanzarían los 14 escaños restantes.

Otros relevamientos presentan diferencias, pero coinciden en un aspecto fundamental: la mayoría parlamentaria de 61 diputados aparece fuera del alcance inmediato de las principales alianzas.

Esta situación coloca a Israel frente a una posibilidad que hasta hace algunos años parecía políticamente muy difícil: que los representantes de la minoría árabe tengan una influencia determinante en la continuidad o el desplazamiento de Netanyahu.

Los partidos árabes, protagonistas inesperados

Los ciudadanos árabes representan aproximadamente una quinta parte de la población israelí y constituyen un sector electoral con capacidad para modificar el equilibrio parlamentario.

Durante años, su participación política estuvo condicionada por diferencias ideológicas, disputas internas y niveles de concurrencia a las urnas inferiores al promedio nacional.

Sin embargo, el escenario electoral de 2026 podría otorgarles una influencia considerablemente mayor.

Las proyecciones ubican a las principales fuerzas árabes con una representación conjunta de entre 12 y 15 diputados, una cantidad que podría resultar suficiente para inclinar la balanza entre el oficialismo y sus adversarios.

Entre las agrupaciones más relevantes aparecen Ra'am, encabezada por Mansour Abbas, y la Lista Conjunta, que reúne a distintas corrientes políticas árabes.

Aunque comparten determinadas reivindicaciones relacionadas con la igualdad de derechos y las condiciones de vida de sus comunidades, mantienen diferencias importantes respecto de su relación con el Estado israelí y la participación en gobiernos de coalición.

La gran pregunta es si estas fuerzas estarán dispuestas a respaldar una alternativa a Netanyahu y, fundamentalmente, si la oposición aceptará ese apoyo.

No necesariamente se trataría de una incorporación formal al gabinete. También existe la posibilidad de que algunos diputados árabes faciliten la investidura de un gobierno o le brinden respaldo parlamentario desde afuera.

Eisenkot busca construir una alternativa

Uno de los protagonistas centrales de esta elección es Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Israel y dirigente del espacio centrista Yashar.

Eisenkot consiguió posicionarse como uno de los principales competidores de Netanyahu, capitalizando el desgaste del gobierno y el deseo de cambio de una parte del electorado.

Sin embargo, tener posibilidades de obtener una importante cantidad de bancas no significa necesariamente contar con los números para gobernar.

El sistema parlamentario israelí exige construir acuerdos entre partidos que, en muchos casos, mantienen profundas diferencias políticas.

La oposición incluye sectores de centro, derecha secular e izquierda, con posiciones distintas sobre la seguridad nacional, la cuestión palestina, la relación entre religión y Estado y la política económica.

Dirigentes como Naftali Bennett, Yair Lapid, Avigdor Liberman y Yair Golan forman parte de un escenario opositor heterogéneo en el que no todos coinciden sobre las alianzas que deberían establecerse después de las elecciones.

El principal problema para Eisenkot no es solamente superar electoralmente a Netanyahu, sino conseguir que fuerzas políticas muy diferentes acepten compartir una misma estrategia de gobierno.

Y allí vuelve a aparecer el papel de los partidos árabes.

Netanyahu conserva una ventaja política importante

Pese al desgaste acumulado durante los últimos años, Benjamin Netanyahu continúa siendo uno de los dirigentes con mayor capacidad de supervivencia política de Israel.

Su partido, el Likud, mantiene una estructura territorial consolidada y conserva el respaldo de importantes sectores conservadores, religiosos y nacionalistas.

Además, Netanyahu ha demostrado a lo largo de su trayectoria una considerable habilidad para negociar acuerdos parlamentarios y sostener coaliciones complejas.

Su espacio político cuenta con aliados como Itamar Ben-Gvir, referente de Otzma Yehudit, y Bezalel Smotrich, dirigente del sionismo religioso, además de partidos ultraortodoxos que históricamente han tenido una participación relevante en la formación de gobiernos.

La fortaleza de Netanyahu radica en que sus aliados tradicionales, pese a las diferencias que puedan mantener, comparten una mayor predisposición a sostener su liderazgo que la que existe entre los diversos sectores opositores.

Por esa razón, un resultado electoral ajustado no necesariamente implicaría su salida del poder.

Incluso si la oposición obtiene una cantidad importante de diputados, deberá demostrar que puede transformarlos en una mayoría efectiva.

El voto árabe puede definir mucho más que una elección

El protagonismo de los partidos árabes también abre un debate profundo sobre la representación política dentro de Israel.

Para una parte de la sociedad israelí, la incorporación de estas fuerzas a las negociaciones parlamentarias representa una oportunidad para ampliar la participación democrática y promover acuerdos entre comunidades.

Otros sectores, particularmente dentro de la derecha nacionalista, cuestionan la posibilidad de que agrupaciones árabes condicionen decisiones vinculadas con la seguridad nacional y el conflicto palestino.

La discusión excede, por lo tanto, la continuidad de Netanyahu: también involucra el lugar que tendrán los ciudadanos árabes en las grandes decisiones del Estado.

Existe, además, un antecedente importante. En 2021, Mansour Abbas y su partido Ra'am participaron de la coalición que permitió conformar un gobierno encabezado inicialmente por Naftali Bennett, poniendo fin en aquel momento a una prolongada etapa de Netanyahu en el poder.

Aquella experiencia demostró que las barreras políticas tradicionales podían modificarse cuando la aritmética parlamentaria lo exigía.

No obstante, repetir ese escenario en 2026 presenta dificultades adicionales, especialmente por las tensiones acumuladas después de los conflictos militares de los últimos años.

El riesgo de un nuevo bloqueo político

Otro de los escenarios que comienza a considerarse es que los resultados electorales no permitan conformar un gobierno estable.

Israel ya atravesó períodos de profunda fragmentación parlamentaria, con elecciones sucesivas y negociaciones que terminaron sin acuerdos duraderos.

Si ninguno de los bloques alcanza los 61 diputados y las diferencias políticas impiden construir una coalición, el país podría ingresar nuevamente en una etapa de incertidumbre institucional.

En ese contexto, el resultado de los partidos pequeños también será determinante.

El sistema electoral establece un umbral mínimo del 3,25% de los votos para acceder a la distribución de bancas, de manera que unas pocas décimas pueden modificar considerablemente la composición final del Parlamento.

Por eso, además de la competencia entre Netanyahu y Eisenkot, habrá que observar qué agrupaciones consiguen representación y cuáles quedan fuera de la Knéset.

El 27 de octubre se vota, pero la verdadera definición podría llegar después

A medida que se acerca la fecha electoral, Israel ingresa en una etapa en la que cada voto puede tener consecuencias decisivas.

Netanyahu busca renovar su legitimidad política y mantener una coalición que le permita continuar gobernando. Eisenkot intenta construir una alternativa, aunque todavía enfrenta el desafío de reunir una mayoría parlamentaria viable.

En medio de esa disputa aparecen los partidos árabes israelíes, cuya representación podría terminar definiendo el resultado de las negociaciones posteriores a la elección.

Lo verdaderamente singular de este proceso es que el futuro político de uno de los dirigentes más influyentes de Israel podría depender de fuerzas que tradicionalmente permanecieron alejadas del centro de las decisiones gubernamentales.

El 27 de octubre los israelíes elegirán a sus representantes, pero eso no significa que esa misma noche se conozca quién será el próximo primer ministro.

La continuidad de Benjamin Netanyahu podría resolverse días o semanas después, cuando comiencen las negociaciones parlamentarias y los partidos árabes deban decidir qué papel están dispuestos a desempeñar en el futuro gobierno de Israel.

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