El sacudón económico-electoral: otra anomalía que Argentina debe dejar atrás
MUNDO
AGENCIA INTERNACIONAL DE NOTICIASEs evidente que en cuanto a los desajustes que generan la política, la gente y los países muestran una sorprendente capacidad de adaptación para situaciones anómalas. Argentina, hasta diciembre de 2023, padecía de muchas situaciones que no tenían por qué suceder, pero que se habían normalizado.
Una, por ejemplo, fue la de vivir con los piquetes. Aunque la indignación existía, se había aceptado que la política no iba a poner cartas en el asunto para solucionar el problema. El kirchnerismo vivió aceptando las extorsiones de sus socios de las «organizaciones sociales» y el macrismo no pudo revertir la situación, por miedo a que «le tiraran un muerto». Hasta hace dos años, los argentinos no podíamos hacer uso de nuestro tiempo con total libertad, aceptando solamente las externalidades negativas naturales, como puede ser un tránsito más o menos pesado. Sabíamos que, si teníamos que llegar a aeroparque, al aeropuerto de Ezeiza o a la estación de ómnibus de Retiro, era necesario averiguar si en el día iba a haber «manifestaciones sociales». Cualquier corte de calle o ruta podía complicar seriamente nuestra agenda, por lo que un día importante con avenidas y autopistas libres se recibía como un alivio.
Bueno, eso se terminó. Se acabaron los intermediarios de la pobreza y si alguien corta una calle, una avenida o una ruta, la policía y las fuerzas de seguridad hacen lo suyo y liberan el camino. Esto incluso excede a las prerrogativas nacionales, ya que espacios políticos como el PRO se decidieron a hacer lo que nunca hicieron, al evidenciar el gobierno nacional que era posible lo que se vendía como inviable. Claro que, como se normalizó la anomalía, ya nadie en la Ciudad de Buenos Aires valora como excepcional el orden. Ya el tránsito no se interrumpe y todos internalizamos –afortunadamente– la actualidad, medianamente normal.


Otro ejemplo de los primeros que vienen a la mente es el de la depuración en materia de calidad democrática que se produjo con la llegada de la Boleta Única de Papel. Hasta los analistas políticos reconocían en los debates televisivos, por ejemplo, que, para imponerse al peronismo en la provincia de Buenos Aires era necesario ganar por un cómodo margen. Si las fuerzas antagónicas al populismo ganaban por un punto o décimas, esa victoria jamás se iba a ver materializada, ya que “un par de puntos” entraban dentro del margen del fraude electoral. Un delirio absolutamente aceptado, normalizado e internalizado por todos los argentinos.Análisis electoral
La última elección nacional bonaerense, cuando los cuartos oscuros de la provincia tuvieron la normalidad de una sola papeleta con recuadros para elegir la opción votada, mostró un resultado sorprendente: el peronismo unido no pudo con una Libertad Avanza que atravesaba varios problemas: una derrota reciente en los comicios locales y una cabeza de lista en la papeleta que no competía por la diputación, ya que José Luis Espert había renunciado. Convengamos que cualquier escenario parecido hubiera sido un desafío accesible para un justicialismo que gobierna la provincia. Perdieron.
Más allá de los méritos de la propuesta del oficialismo, que trascendió a la cara impresa en la boleta o las características generales del peronismo, ¿cuánto se vinieron robando con la lista sábana históricamente? Aunque es algo que no tenga respuesta concreta y siempre pasará a ser parte de la especulación, lo cierto es que puede ser más que ese par de puntitos “inocentes” que de inocentes no tenían nada y se llegaron a normalizar como una restricción fáctica de las elecciones.
En el marco del proceso preelectoral, Eduardo Feinmann compartió una conversación con el presidente Javier Milei, donde dejó varias declaraciones relevantes. Sin embargo, los titulares fueron para una sola dirección: la de los 125 millones de dólares con los que contaría el mandatario para enfrentar una eventual corrida.
Durante la entrevista, Milei dijo cosas relevantes como que sus ministros trabajan pensando en el periodo 2027/2031 y que ya están en carpeta todas las iniciativas que podrían implementarse al contar con una Cámara de Diputados con mayoría y un Senado cerca del quórum propio. Claro que los titulares no son responsabilidad de Feinmann, ni de Milei, ni tampoco de los portales de noticias (que muchas veces engañan con los títulos, ya sea por mal desempeño en el oficio o por mala intención, como pasó hoy mismo con la deportación de un brasileño que supuestamente fue expulsado del país por insultar al presidente, cuando en realidad se trató de una cuestión migratoria y una residencia sin haber cumplido los requisitos).
Entre las cosas que Argentina debe cambiar, pero que evidentemente todavía falta mucho, es este asunto –también internalizado– de que hay que prepararse para una elección como si se tratara de la supervivencia para un apocalipsis zombie. Claro que, como dijimos, esto no es responsabilidad del presidente, que hace bien en dar esta señal a los tomadores de decisión, a los que hasta les explica la procedencia de los recursos que, eventualmente, se podrán utilizar como poder de fuego ante un sacudón preelectoral.
Es comprensible que, ante un resultado adverso (es decir, en contra de propuestas razonables y en favor del más bruto populismo), los agentes económicos se pongan nerviosos y operen en consecuencia, como cuando se evidenciaba la llegada de los Fernández en 2019 luego de aquella recordada primaria. La problemática en la actualidad tiene otros condimentos: los de los factores desestabilizadores, que harán todo lo posible para que se genere un cambio de rumbo el próximo año. No es casual que, justamente cuando el ministro de Economía tenga que reunirse con las autoridades del FMI, comience a rodar el rumor de un supuesto cambio en la cartera en cuestión.
Argentina pudo superar muchas anomalías en los últimos años, pero, evidentemente, todavía quedan muchas con las que convivimos y deben quedar atrás.
Fuente: PanamPost


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