Ucrania afronta el plan de Rusia para aplastar su sistema energético y vaciar sus ciudades

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Los cortes de electricidad ya volvieron a algunas zonas de Ucrania después de los últimos ataques rusos contra la infraestructura energética, mientras Kiev busca reforzar un sistema que, según documentos internos de Moscú interceptados por la inteligencia ucraniana, Rusia planea golpear para destruir sus capacidades de generación, transmisión e importación de electricidad y aislar sus centrales nucleares de la red nacional.

Los planes rusos generan preocupación en Ucrania ante la posibilidad de nuevos ataques contra instalaciones clave antes del invierno. El experto en energía del Centro Razumkov de Kiev, Volodimir Omelchenko, explicó a EFE que estos objetivos no son nuevos, pero advirtió que la situación actual incrementa los riesgos para millones de personas debido a la superioridad aérea rusa, asociada a sus drones de motor a reacción, y a las carencias ucranianas en materia de defensa antibalística.

“Los ataques contra subestaciones clave cerca de las tres plantas nucleares bajo control ucraniano son la mayor amenaza debido al riesgo de que deje de funcionar equipamiento que no está diseñado para hacer frente a este tipo de emergencias”, alertó Omelchenko.

El experto señaló que la capacidad de las defensas aéreas será determinante para la supervivencia del sistema energético durante el invierno. “El estado de las defensas aéreas, y no el del sistema energético, es el factor principal que decidirá si el sistema energético de Ucrania sobrevive al invierno”, afirmó.

Omelchenko también advirtió sobre las consecuencias que tendría una interrupción prolongada del suministro eléctrico. En el peor de los casos, Europa podría enfrentar la llegada de millones de refugiados.

Descentralización
Las autoridades locales consideran la descentralización del sistema energético como una de las principales herramientas para mantener los servicios esenciales cuando las temperaturas bajen de cero y se produzcan nuevos cortes de electricidad.

“Si Rusia logra aislar las plantas nucleares, Ucrania tendrá un apagón muy largo”, dijo a EFE Vasil Novachok, vicealcalde de Jmelnitski, una ciudad de unos 300.000 habitantes ubicada a cien kilómetros de una de las tres plantas nucleares que conserva Ucrania.

En Jmelnitski, un muro de hormigón rodea una unidad de cogeneración situada junto a una sala de calderas. Allí, un sistema de bombas y motores permite suministrar agua caliente a los radiadores de centenares de bloques de pisos.

Veinticinco de estas unidades utilizan gas para generar electricidad. Esto permite que las calderas funcionen incluso cuando no tienen conexión con el sistema eléctrico y, además, genera un excedente de electricidad que contribuye a reducir el impacto de los apagones, explicó Novachok.

La red recibió financiación parcial de donantes extranjeros durante los primeros cuatro años de la invasión y permite mantener la calefacción incluso cuando los ataques rusos interrumpen el suministro eléctrico procedente de las plantas nucleares.

“Queremos instalar más máquinas de este tipo para hacer el sistema tan autónomo como sea posible y suministrar electricidad a más infraestructuras críticas”, indicó Novachok.

Sin embargo, la falta de fondos dificulta la adquisición de nuevos equipos. También existen dudas sobre la disponibilidad de gas suficiente para mantener estos sistemas, en un contexto de ataques rusos contra la infraestructura gasística.

Las autoridades locales también contemplan el riesgo de ataques de mayor intensidad contra las instalaciones que permiten mantener los servicios básicos. “La barrera de hormigón puede proteger contra la metralla de los drones, pero no resiste a los misiles”, advirtió el vicealcalde.

Entre el miedo y la esperanza
El invierno pasado, los cortes de electricidad llegaron a durar entre 10 y 18 horas al día, según declaró a EFE Stepan Kushnir, un emprendedor del sector de las energías renovables que preside el Centro de Energía de Jmelnitski.

Durante los apagones, Kushnir no pudo utilizar la resistencia eléctrica para cocinar en su apartamento, donde la temperatura llegó a los 15 grados. Un acumulador, sin embargo, le permitió mantener encendido su portátil para trabajar y para que su hijo pudiera ver dibujos durante los cortes.

Los comercios locales y los vecinos también adoptaron medidas para reducir el consumo y afrontar la falta de calefacción y electricidad. Entre ellas figuran iniciativas colectivas basadas en el uso de biomateriales para generar electricidad y combatir el frío.

Kushnir señaló que los cambios en las grandes infraestructuras requieren más tiempo. La situación también presenta diferencias entre las ciudades, debido a las características de sus redes energéticas.

En Kiev, la dependencia de grandes plantas térmicas y eléctricas aumenta la vulnerabilidad frente a los ataques. “Mientras Jmelnitski cuenta con una red de pequeñas infraestructuras, la capital depende de grandes plantas térmicas y eléctricas que Rusia puede hacer dejar de funcionar más fácilmente”, afirmó Kushnir.

La posibilidad de afrontar otro invierno con cortes prolongados genera preocupación entre los habitantes. “No queremos pasar frío o que nuestros hijos enfermen. No es normal que algo así siga pasando”, declaró.

A pesar de las dificultades, Kushnir señaló que los años de guerra prepararon a parte de la población para nuevos cortes y para las dificultades asociadas al invierno. Los hogares acumulan equipos destinados a mantener algunos servicios básicos cuando la red eléctrica deja de funcionar.

“Coleccionamos acumuladores y esperamos que el mundo nos ayude a capear este invierno”, concluyó.

(Con información de EFE)

Fuente: Infobae

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