Estudiantes, periodistas y activistas: las redes que sobreviven a la vigilancia del régimen cubano

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Ante la falta de espacios independientes de asociación, estudiantes, periodistas en formación y activistas cubanos sostienen redes de información, protección y apoyo mutuo dentro y fuera de la isla. Envían denuncias a comunicadores exiliados, comparten materiales censurados, activan alertas ante detenciones y adoptan medidas para preservar sus cuentas digitales, según el informe “Juventud, poder y redes sociales en Cuba”, de Ciudadanía y Libertad.

El documento se basa en consultas realizadas el 28 de abril y el 9 de junio de 2026 con jóvenes residentes en Cuba y personas forzadas al exilio. Las fuentes aparecen identificadas con códigos para proteger su identidad y la de sus familias.

El informe registra que estudiantes universitarios mantienen contacto permanente con periodistas exiliados, a quienes envían denuncias y textos para su publicación. También refiere que alumnos de periodismo firmaron de forma anónima declaraciones contra la propaganda oficial y proyectan plataformas propias desde la isla.

La red incluye talleres clandestinos de análisis de prensa independiente entre estudiantes preuniversitarios y la distribución digital de bibliografía académica no disponible en las universidades. Para una de las participantes, identificada como I-01, el control del régimen cubano sobre los medios obliga a los jóvenes a buscar otras vías: “En Cuba todos los medios de difusión pertenecen a la dictadura y no tenemos ningún otro espacio para expresarnos. Tanto la prensa, la televisión, la radio, todo pertenece a ellos”.

La alerta se activa cuando alguien deja de responder
Parte de esas conexiones cumple una función de protección. Jóvenes con conectividad limitada mantienen enlaces con personas de confianza en el exterior, que pueden informar de inmediato una detención, publicar contenido en momentos críticos o alertar cuando un activista permanece incomunicado durante un tiempo prolongado.

El informe sostiene que estos grupos también difunden prácticas de autoprotección digital, como la verificación en dos pasos y el uso de cuentas vinculadas a correos electrónicos sin un número telefónico asociado. Las medidas buscan reducir los riesgos de suplantación de identidad y duplicación de líneas.

La solidaridad, virtual y presencial, ocupa un lugar central en esos vínculos. I-05, un ex preso político detenido tras las protestas del 11 de julio de 2021, afirmó: “Lo que ellos no pueden destruir es algo que vamos a ganar en las redes sociales: la solidaridad entre cada uno de los activistas”. También señaló que la presencia de otros jóvenes frente a una vivienda o una estación policial tras una detención tiene peso porque “ellos le temen mucho a la solidaridad”.

La vigilancia apunta a impedir que los jóvenes se unan
Los cortes selectivos de conectividad, suspensión de líneas, intentos de acceso a cuentas y vigilancia sobre círculos personales son constantes en la isla. Según el informe, estas prácticas apuntan a aislar a los jóvenes y limitar su capacidad de organización.

E-04, una persona joven exiliada que aportó su testimonio, resumió ese efecto: “Te inducen a ese estado de paranoia para que no te unas a otras personas que están en tu misma frecuencia, para que no hagas cosas más grandes, porque nadie solo logra nada”.

Pese a esos obstáculos, Ciudadanía y Libertad concluye que las redes juveniles no desaparecieron. Operan entre la isla y el exilio, con identidades protegidas, canales digitales y acciones de apoyo que buscan sostener la expresión y la asociación en un contexto de vigilancia.

Fuente: Infobae

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