Irán pierde el control del petróleo del Golfo

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RESUMEN

  • El control iraní sobre el estrecho de Ormuz se está debilitando y cada vez más petroleros vuelven a atravesar la zona.
  • Las exportaciones de petróleo del Golfo se recuperaron durante septiembre hasta acercarse a los niveles anteriores a la guerra.
  • Arabia Saudita y otros productores encontraron rutas alternativas para sacar parte de su petróleo sin depender exclusivamente de Ormuz.
  • Irán, en cambio, prácticamente no consigue sacar su propio crudo por el estrecho, lo que golpea directamente sus ingresos en divisas.
  • La situación todavía es frágil: Teherán conserva capacidad para atacar barcos e infraestructura, por lo que el riesgo energético no desapareció.

La pregunta empieza a tener una respuesta cada vez más clara: ¿ha perdido Irán el control sobre las exportaciones de petróleo del Golfo Pérsico?

Por ahora, la respuesta parece ser sí, al menos en buena parte.

Durante meses, el régimen de Teherán utilizó el estrecho de Ormuz como su principal carta de presión sobre el mercado energético mundial. La amenaza era sencilla y brutal: si Irán podía impedir o dificultar el paso de los petroleros, podía afectar una de las principales rutas por las que sale el petróleo del Golfo hacia los mercados internacionales.

Pero ese poder está empezando a erosionarse.

Según datos citados por Reuters, las exportaciones de petróleo del Golfo se recuperaron durante la última semana hasta aproximadamente 23,3 millones de barriles diarios, un volumen similar al promedio registrado durante 2025. La agencia también señaló que las exportaciones prácticamente se duplicaron durante septiembre.

Eso representa un cambio sustancial respecto de los peores momentos de la crisis.

El problema de Irán es que la llave también se volvió contra él

La paradoja es evidente.

Irán necesita Ormuz tanto como sus adversarios. Y el bloqueo o la interrupción del tránsito que pretendía utilizar como arma terminó afectando seriamente sus propias exportaciones.

Un informe de Reuters publicado a comienzos de septiembre señaló que Irán llevaba alrededor de siete semanas sin conseguir enviar cantidades significativas de crudo a través del estrecho de Ormuz. Las estimaciones de Kpler y Vortexa mostraban que sus cargas de petróleo y condensado habían caído a aproximadamente 220.000-255.000 barriles diarios en agosto, frente a unos 740.000 en julio y alrededor de 2 millones en marzo.

Es decir, mientras el resto de los productores del Golfo comenzó a encontrar mecanismos para recuperar sus exportaciones, Irán quedó atrapado con su propio petróleo.

Y eso tiene una consecuencia económica directa: menos exportaciones significa menos dólares, menos ingresos fiscales y mayor presión sobre una economía ya debilitada.

Reuters informó esta semana que el bloqueo estadounidense está golpeando precisamente la principal fuente de ingresos externos de Irán: sus exportaciones petroleras.

El Golfo aprendió a esquivar a Ormuz

Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y otros productores comenzaron a utilizar rutas alternativas, oleoductos y mecanismos de transferencia marítima para reducir su dependencia del estrecho.

La Agencia Internacional de Energía (IEA) ya había advertido que, durante los primeros meses del conflicto, los flujos por Ormuz habían quedado muy por debajo de los niveles normales. En agosto promediaron apenas 7,6 millones de barriles diarios, unos 13,1 millones menos que antes de la guerra. Pero las rutas alternativas y el aumento de producción fuera del Golfo permitieron compensar una parte importante de esa pérdida.

Durante septiembre, además, la recuperación fue mucho más evidente.

Datos preliminares de Kpler citados por Euronews estimaron que las exportaciones de crudo de Medio Oriente llegaron a 16,3 millones de barriles diarios, el mayor nivel mensual desde el comienzo de la guerra, aunque todavía unos 3,2 millones de barriles por debajo de febrero. Arabia Saudita fue responsable de buena parte del incremento, al elevar fuertemente sus exportaciones.

Estados Unidos también cambió el tablero

La presencia estadounidense en la zona modificó la ecuación militar.

El objetivo ya no es simplemente impedir que Irán exporte petróleo. También consiste en garantizar que los demás países puedan continuar exportando el suyo.

La diferencia es fundamental.

Si Teherán consigue bloquear completamente Ormuz, tiene capacidad para generar un shock energético mundial. Pero si los petroleros comienzan nuevamente a circular, si los países productores disponen de rutas alternativas y si la Armada estadounidense protege determinados corredores, la capacidad de Irán para convertir el estrecho en un arma económica disminuye considerablemente.

De hecho, según fuentes citadas por Reuters, Estados Unidos e Irán llegaron a discutir un mecanismo gradual para reabrir Ormuz, mientras Washington levantaría parte del bloqueo económico contra Teherán.

El propio canciller iraní, Abbas Araqchi, anunció posteriormente un plan de siete días para restablecer el tránsito normal, aunque condicionó su aplicación a determinadas medidas estadounidenses.

Y aquí aparece otra paradoja.

Si Irán realmente tuviera el control absoluto de Ormuz, no necesitaría negociar su reapertura.

El petróleo vuelve, pero el peligro no desapareció

Esto tampoco significa que el problema esté resuelto.

El tránsito por Ormuz sigue siendo mucho más riesgoso y costoso que antes de la guerra. Los seguros, los fletes y las operaciones de transferencia aumentaron fuertemente. La propia IEA advierte que las rutas alternativas no pueden sustituir indefinidamente la capacidad normal del estrecho.

Además, Irán todavía conserva capacidad para amenazar embarcaciones y atacar infraestructura energética.

Por eso el mercado sigue incorporando una prima de riesgo geopolítico.

El precio del Brent rondaba este miércoles los 103 dólares por barril, mientras el WTI se ubicaba cerca de los 90 dólares, en un mercado todavía condicionado por la guerra y por la incertidumbre sobre las negociaciones entre Washington y Teherán.

Pero hay una diferencia decisiva respecto de meses atrás.

Irán ya no parece tener la capacidad de decidir unilateralmente cuánto petróleo sale del Golfo Pérsico.

Puede complicar el tránsito. Puede encarecerlo. Puede atacar. Puede amenazar.

Pero mientras Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Estados Unidos y otros actores mantengan abiertas rutas alternativas y aseguren corredores marítimos, el viejo poder de Teherán sobre la principal arteria petrolera del planeta empieza a convertirse en algo bastante más limitado.

Y quizás ese sea uno de los cambios estratégicos más importantes de esta guerra: Irán quiso transformar Ormuz en una palanca para controlar el petróleo mundial y terminó descubriendo que el mundo también podía aprender a sacar petróleo sin depender completamente de Irán.

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