Chile, Japón y California en alerta por observaciones en mapas de riesgo sísmico

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Después de que un doblete de terremotos sacudiera a Venezuela, convirtiendo en escombros al menos 188 edificaciones en tan sólo segundos, Chile, Japón y California redoblan la vigilancia sobre los mapas de peligro sísmico ante las probabilidades de movimiento en sus territorios. Aunque los eventos registrados en este país no modifican el riesgo sísmico de otros países, sí reavivan el interés sobre la preparación ante futuros eventos de esta naturaleza en regiones de alta actividad tectónica.

Hoy, sus sistemas de monitoreo de estas zonas intentan detectar con mayor anticipación cualquier liberación brusca de energía acumulada en las placas tectónicas, para emitir alertas tempranas que permitan reducir el impacto sobre la población. Aunque estos sistemas no pueden predecir un terremoto ni impedir la propagación de las ondas sísmicas, sí ofrecen segundos valiosos para activar protocolos de emergencia y minimizar los daños provocados por vibraciones intensas, deslizamientos de tierra y tsunamis.

Aunque la distribución de la sismicidad es desigual en el planeta, la mayor parte de los terremotos se concentra en los límites de las placas tectónicas, donde estas convergen, se separan o se deslizan entre sí. Esa es la situación de Chile y California, cuyo contexto geológico define su peligro sísmico por la proximidad con fallas activas. Si bien cada placa se mueve a su propia velocidad e interactúa a su manera, los reajustes tienen consecuencias.

California entre dos fallas
En California, el miércoles 24 de junio, horas antes de los terremotos en Venezuela, un sismo de magnitud 5,6 impactó una zona rural del norte de Willits, en el condado de Mendocino, unos 225 kilómetros de San Francisco. La sacudida, que fue superficial, cercana a los ocho kilómetros de profundidad, se posicionó como la más fuerte desde 1940.

De hecho, se percibió en comunidades en sectores costeros como Fort Bragg, provocó cortes en el suministro de agua y más de 4000 consumidores se quedaron sin electricidad. El episodio refleja que bajo la superficie, los bloques de la corteza terrestre siguen empujando con una fuerza que ya detonó un punto de saturación tectónica preocupante.

California lo vigilia. Sus radares están enfocados en las fallas de San Andrés y San Jacinto que forman parte del mismo sistema tectónico y convergen en la zona montañosa conocida como Paso de Cajón. Si esa ‘compuerta sísmica’ se abre no sería una sorpresa para las autoridades luego de 160 años transcurridos desde la última gran ruptura. Los Ángeles, San Bernardino, Riverside y el valle de Coachella serían las más afectadas.

Chile con alerta decretada
Chile es un país sísmico, no es un secreto. La nación está en el límite de dos placas: la placa de Nazca, de naturaleza oceánica; y la placa Sudamericana, de naturaleza continental. Con la primera moviéndose hacia el este y la segunda, con mayor lentitud, avanzando hacia el oeste, la placa de Nazca, que es más densa, se hunde bajo la Sudamericana a una velocidad de aproximadamente siete centímetros por año.

La dinámica, llamada subducción, implica que sólo en lo que va de 2026 Chile registre 6045 temblores, de los cuales sólo cuatro terminaron en la categoría de seis grados. Sin embargo, para este año ya la nación austral maneja una advertencia de 65 % de probabilidad de un terremoto de ocho grados de magnitud, de acuerdo con el Centro Sismológico Nacional (CSN) de Chile.

Estudios geodésicos indican que el norte de Chile acumula tensión por deslizamiento de la placa de Nazca. Las investigaciones apuntan a que cada año el triple en comparación con los 2,2 la placa del Caribe.

Frente a la tendencia y luego de los terremotos en Venezuela, el director del Centro Sismológico Nacional de la Universidad de Chile, Sergio Barrientos, revela que Arica, junto al sur de Perú; entre Iquique y Mejillones, pasando por Tocopilla; la región de Atacama, por la zona de Vallenar; y la zona central figuran como las posibles zonas afectadas. Los geofísicos coinciden en el riesgo de estas zonas por reunir tres señales: son lugares donde no ha temblado, la historia sísmica de la zona y el alto bloqueo de las placas.

Japón e Indonesia
Japón e Indonesia comparten ser consideradas dos de las naciones con mayor actividad sísmica del mundo. Su costa oriental está especialmente expuesta a la amenaza de los tsunamis por estar ubicadas al límite de tres placas tectónicas. Allí, el desplazamiento es enorme y genera a menudo terremotos de magnitud superior a 8, capaces de producir tsunamis devastadores.

Este país aún sigue estremecido por el terremoto de magnitud 9,0 de marzo de 2011, que desencadenó un tsunami y causó unos 18500 desaparecidos. Su ubicación cercana al «Anillo de Fuego», una zona geológica en forma de herradura que se extiende por unos 40.000 kilómetros a lo largo de las costas del océano Pacífico que produce el 90% de los terremotos del planeta, mantiene al país bajo una vigilancia permanente frente a nuevos eventos sísmicos.

Lejos de los sobresaltos
Del otro lado de los pronósticos están Quebec y Ontario, en Canadá; Sao Paulo y Brasilia, en Brasil; la zona de los Llanos del Orinoco, en Venezuela; y la región de Siberia, en Rusia. Sus residentes tienen pocas probabilidades de enfrentar una catástrofe sísmica, en comparación con las zonas mencionadas, porque estos son sitios se encuentran rodeados de escudos continentales compuestos por rocas cristalinas de gran antigüedad, que impiden los movimientos de las placas tectónicas.

Fuente: PanamPost

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