


Cuba al borde del colapso: hambre, apagones y un régimen que muestra señales de agotamiento
MUNDO - CUBA Por Carlos Zimerman



La consigna “Cuba Libre” vuelve a escucharse con fuerza dentro y fuera de la isla. Lo que durante décadas fue un grito del exilio empieza a reflejar también el cansancio creciente de millones de cubanos que hoy viven una de las crisis más profundas de su historia reciente.
Mientras el régimen encabezado por Miguel Díaz-Canel intenta mostrar una imagen de control político, la realidad cotidiana revela un país atravesado por el hambre, la escasez de combustible, los apagones interminables y una economía que prácticamente dejó de funcionar.


Una isla que se quedó sin combustible
El detonante más visible de la crisis actual es la falta de combustible. Durante más de dos décadas, Cuba dependió en gran medida del petróleo que llegaba desde Venezuela a precios subsidiados.
Ese esquema prácticamente se derrumbó en los últimos meses.
Tras la caída del régimen venezolano de Nicolás Maduro y el control del sector petrolero venezolano por parte de Estados Unidos, los envíos de crudo hacia Cuba se detuvieron abruptamente.
Durante años Venezuela había sido el principal proveedor energético de la isla, pero desde comienzos de 2026 los cargamentos prácticamente desaparecieron, lo que provocó un impacto inmediato en la economía cubana.
Las consecuencias se sienten en todos los niveles de la vida cotidiana:
estaciones de servicio sin combustible
transporte público prácticamente paralizado
dificultades para trasladar alimentos y mercancías
caída en la producción agrícola
falta de combustible incluso para vuelos y servicios esenciales
Apagones que paralizan al país
La crisis energética golpea también al sistema eléctrico. Gran parte de la generación eléctrica cubana depende del petróleo importado, por lo que la falta de combustible provocó apagones diarios que en algunas zonas superan las 12 o 15 horas.
Estos cortes afectan hospitales, escuelas, transporte, telecomunicaciones y refrigeración de alimentos. En muchas ciudades los barrios quedan completamente a oscuras durante gran parte del día.
El país vuelve a vivir escenas que recuerdan al dramático “Período Especial” de los años noventa, cuando la caída de la Unión Soviética dejó a la isla sin su principal sostén económico.
Hambre y colapso económico
La escasez energética se suma a una crisis económica que ya venía deteriorándose desde hace años.
Las colas para conseguir alimentos básicos se multiplican en todo el país. Los salarios estatales —que siguen siendo el principal ingreso de la mayoría de la población— apenas alcanzan para sobrevivir.
El mercado informal, donde a veces aparecen productos que el Estado no logra distribuir, tiene precios inaccesibles para la mayoría de los cubanos.
La emigración también se disparó. Miles de jóvenes abandonan la isla cada mes buscando oportunidades en Estados Unidos, América Latina o Europa.
Para quienes se quedan, la vida cotidiana se transformó en una lucha permanente por conseguir comida, electricidad o transporte.
Un malestar social que crece
En ese contexto, el malestar social se acumula.
Protestas espontáneas por apagones, falta de alimentos o escasez de servicios se registran cada vez con más frecuencia. Las autoridades intentan contener estas manifestaciones rápidamente, pero el descontento se percibe cada vez con mayor claridad.
Muchos analistas describen la situación de Cuba como una olla a presión: un sistema que intenta mantener la apariencia de control mientras el desgaste social se profundiza.
La mirada puesta en Washington
En el plano internacional, el papel de Estados Unidos también aparece en el centro del escenario.
El presidente estadounidense Donald Trump endureció la presión sobre los aliados del régimen cubano y cortó el flujo de petróleo que durante años llegaba desde Venezuela.
Esa estrategia forma parte de una política de presión destinada a forzar cambios en el sistema político de la isla.
Actualmente gran parte de la agenda internacional de Washington está concentrada en el conflicto con Irán. Pero en distintos círculos políticos del exilio cubano y del escenario internacional se repite una idea: una vez resuelto ese frente geopolítico, el foco podría volver a colocarse en el Caribe.
Un sistema que se agota
Mientras tanto, dentro de Cuba la realidad continúa deteriorándose.
La combinación de hambre, apagones, falta de combustible, caída de la producción y emigración masiva dibuja un escenario extremadamente frágil para el régimen.
La dirigencia comunista intenta mantener el control político, pero cada vez resulta más evidente que el modelo económico que gobierna la isla desde la revolución liderada por Fidel Castro atraviesa uno de sus momentos más difíciles.
Por eso, dentro y fuera de la isla empieza a repetirse una idea que hace pocos años parecía lejana:
que el final del sistema comunista cubano podría no ser una utopía, sino simplemente una cuestión de tiempo.




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