Israel golpea el corazón del aparato militar iraní y refuerza su ofensiva para frenar la amenaza nuclear

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La Fuerza Aérea de Israel, en coordinación con Estados Unidos, intensificó en las últimas horas una ofensiva aérea de gran escala sobre el centro de Teherán, apuntando contra instalaciones estratégicas del régimen iraní vinculadas al desarrollo de misiles balísticos y a la estructura política-militar que sostiene su programa armamentístico.

Según confirmaron voceros oficiales, los ataques alcanzaron edificios de la presidencia iraní, oficinas del Consejo Supremo de Seguridad Nacional y plantas de producción de misiles en distintos puntos del país. También fue impactada la sede de la radiotelevisión estatal, símbolo de la propaganda del régimen, aunque continúa transmitiendo.

El Ejército israelí informó que desde el inicio de la operación ya realizó más de 1.600 incursiones aéreas y lanzó más de 4.000 municiones, cifras que superan ampliamente las registradas en la denominada “guerra de los 12 días” de junio de 2025. La magnitud del despliegue marca una decisión estratégica clara: neutralizar la capacidad ofensiva de Irán antes de que consolide un poder militar irreversible.

“El objetivo es impedir que Irán se dote de la bomba atómica y destruir su infraestructura balística”, reiteró el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, quien advirtió que tras el conflicto anterior Teherán aceleró la construcción de búnkeres subterráneos destinados a volver “intocables” sus programas nuclear y misilístico.

Mientras tanto, Irán respondió con una intensificación del lanzamiento de misiles hipersónicos contra intereses estadounidenses y contra instalaciones petroleras en el Golfo, además de ataques con drones sobre embajadas y centros estratégicos en Baréin, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí. Washington ordenó la evacuación de ciudadanos estadounidenses en al menos 14 países de Oriente Medio por razones de seguridad.

La guerra ya supera el millar de víctimas en territorio iraní, de acuerdo con la Agencia de Noticias de Activistas de Derechos Humanos (HRANA), con sede en Estados Unidos, que estima al menos 1.097 civiles muertos. La Unión Europea advirtió sobre un posible éxodo masivo de refugiados desde un país de casi 90 millones de habitantes.

Israel, por su parte, mantiene su ofensiva con el respaldo político y militar de Estados Unidos. En el inicio de la operación, el presidente Donald Trump instó al pueblo iraní a rebelarse contra el régimen de los ayatolás, mientras que el secretario de Estado Marco Rubio subrayó que la prioridad es frenar la capacidad nuclear y balística de Teherán.

Las amenazas iraníes también se extendieron a Europa. Alemania, Francia y el Reino Unido fueron advertidos de que cualquier intervención sería considerada “un acto de guerra”, luego de que manifestaran su disposición a realizar acciones defensivas contra las capacidades militares iraníes.

En paralelo, la tensión se trasladó al Líbano, donde Israel continúa respondiendo a los ataques del grupo terrorista proiraní Hezbolá. La ONU estima que al menos 30.000 personas ya fueron desplazadas por los enfrentamientos.

El conflicto impacta de lleno en los mercados energéticos: el estrecho de Ormuz quedó prácticamente paralizado, varias instalaciones petroleras fueron atacadas y Qatar suspendió parte de su producción industrial tras un golpe a su infraestructura de gas natural licuado. Aunque el precio del crudo subió, todavía no alcanza los niveles de crisis anteriores como la pandemia o la invasión rusa a Ucrania.

Desde Jerusalén sostienen que la ofensiva es una acción preventiva indispensable. “Si no se actuaba ahora, Irán habría quedado en pocos meses en condiciones de amenazar no solo a Israel, sino también a Estados Unidos y a toda la región”, explicaron fuentes militares.

En un escenario cada vez más volátil, Israel busca enviar un mensaje inequívoco: no permitirá que un régimen que promete su destrucción logre consolidar un arsenal nuclear y balístico. La operación, según el gobierno israelí, no es una escalada gratuita, sino una defensa estratégica frente a una amenaza existencial.

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