Venezuela reanuda exportaciones petroleras a Israel: señales de normalización bajo liderazgo de Donald Trump

VENEZUELA Por Carlos Zimerman
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Carlos ZimermanPor Carlos Zimerman

La última semana marcó un hito geopolítico que pocos imaginaban hace apenas meses: Venezuela envió su primer cargamento de petróleo crudo hacia Israel tras varios años de interrupción en su comercio energético tradicional. El embarque, destinado al principal refinador israelí Bazan Group, representa un giro significativo en las exportaciones venezolanas y ocurre en un contexto de reconfiguración del país luego de la caída del régimen de Nicolás Maduro, una transformación impulsada —y supervisada internacionalmente— en gran medida por la administración de Donald Trump.

El cargamento marca el primer envío de crudo venezolano hacia Israel desde mediados de 2020, cuando Tel Aviv recibió alrededor de 470.000 barriles. Ese histórico retorno del petróleo venezolano al mercado israelí evidencia la apertura de canales comerciales que habían permanecido cerrados durante años por sanciones, tensiones diplomáticas y la inestabilidad interna que caracterizó al país petrolero.

Un liderazgo que redefine el rol de Venezuela

Los cambios en el esquema exportador venezolano no se dan en el vacío. La intervención de Estados Unidos en la gestión de las ventas internacionales de crudo, tras la captura del expresidente Maduro en enero de 2026, ha sido un factor clave en la reapertura de relaciones comerciales con diversos mercados globales. Esa supervisión, impulsada por Trump, ha permitido no solo la reanudación de exportaciones a países como Israel, sino también ventas recientes hacia India, España y Estados Unidos.

Para muchos observadores, este movimiento no solo tiene un impacto económico inmediato, sino que también simboliza un retorno paulatino a la normalidad y la civilidad en un país que durante años estuvo aislado por sus políticas internas y su pugna con las principales democracias occidentales.

Delcy Rodríguez y la transición política

Es comprensible que la presencia de figuras como Delcy Rodríguez al frente del Estado venezolano genere rechazo dentro y fuera de sus fronteras. Su trayectoria dentro del chavismo y su cercanía a las viejas prácticas políticas del régimen anterior suscitan inquietud entre sectores internos y actores internacionales. Sin embargo, para analistas políticos, su permanencia en el poder operativo en este momento responde a una lógica compleja de transición. La continuación de sus funciones bajo la supervisión estadounidense habría evitado un vacío institucional que, de otro modo, podría haber empujado al país hacia un escenario de violencia interna o incluso guerra civil.

En este contexto, Rodríguez —aunque vista por muchos como un “títere” del nuevo orden de transición— cumple un rol que, paradójicamente, contribuye a estabilizar un proceso delicado. Su presencia formal mantiene una continuidad administrativa, mientras que las decisiones clave en materia económica y petrolera reflejan la nueva dirección impulsada desde fuera del país. Este equilibrio, aunque imperfecto, puede ser una de las pocas alternativas viables para evitar una fractura social mayor.

Una economía petrolera en recuperación

La exportación reciente hacia Israel no sólo tiene valor simbólico. Representa un paso tangible en la recuperación de la industria petrolera venezolana, históricamente una de las columnas vertebrales de la economía local. Tras años de producción y ventas reducidas, la reapertura de mercados y la reconfiguración de las rutas comerciales han incentivado el interés de compañías internacionales por proyectos energéticos en la región, como la posible explotación conjunta de yacimientos gasíferos con países vecinos bajo nuevas licencias supervisadas por Washington.

Mirada global y futuro incierto

Aunque aún falta mucho para considerar a Venezuela completamente “normalizada”, estas señales —la reanudación de exportaciones petroleras, el restablecimiento de vínculos comerciales y el creciente interés internacional en su sector energético— sugieren un movimiento claro hacia un modelo más integrado en la economía global.

Bajo el liderazgo de Donald Trump, al menos en el terreno geoestratégico y energético, Venezuela da pasos importantes para dejar atrás años de aislamiento. El mundo observa con atención y, aunque la transformación no está completa, las primeras señales indican que la ruta hacia la estabilidad y la civilidad puede estar trazándose con mayor claridad.

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